Jake seguía besándome por el cuello, delicadamente, mientras deslizaba sus manos por mi espalda. Iba a quitarme la camiseta cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo.
-Jake… - dije con un hilo de voz.
-Dime – contestó sin ni siquiera separar sus labios de mi cuello
-No puedo hacer esto
-¿Qué? – dijo mirándome confundido
-Joder Jake, que solo tengo 15 años
-Bueno, 15 para 16 – dijo sonriente
-Jake – le reñí
-Está bien perdona – dijo dándome un pequeño beso y rodeando mi cintura con sus brazos. –esperaré
-Me voy a dar una ducha y salimos ¿vale?
-Vale preciosa, ¿puedo subir mientras a tu habitación?
-No
-¿Por qué no?
-Porque mi baño está en mi habitación y no me fío – dije con una sonrisa en mi casa
-Oh venga… te prometo que encenderé el ordenador y no quitaré los ojos de el.
Al final cedí. Subimos a mi habitación, cogí mi ropa y me metí en el baño. Me relajé mientras el agua caliente caía por mi espalda y pensaba en todos mis problemas. ¿Qué voy a hacer?- ¿Cómo que qué voy a hacer? Pues nada seguiré con Jake porque a mi Alex ni me va ni me viene, solo es mi mejor amigo, pero entonces ¿Por qué le dije eso a Ana?. Intenté convencerme a mi misma de que Alex no era nada para mí, pero no estaba del todo segura.
Salí de la ducha con una toalla alrededor de mi cuerpo y me puse a secarme el pelo con el secador, cuando de repente oí cómo mi móvil sonaba y Jake lo cogía.
-¿Si? – oí decir a Jake desde lejos
-… - no pude oir a la otra persona
-¿Cómo que qué hago aquí? Creo que es bastante obvio
-…
-¿Pero de qué vas pringao? ¿Y por qué llamas a Beca? ¿Qué pasa que no te lo dejé lo suficientemente claro? Si quieres voy y te refresco la memoria
-…- lo siguiente que oí fue cómo Jake le insultaba y colgaba el móvil.
Abrí precipitadamente la puerta del baño y lo primero que vi fue a un Jake cabreado a punto de tirar el móvil por la ventana
-¿Quién es? – pregunte tímidamente
-Alex – mierda - ¿Por qué te ha llamado?
-No lo sé – dije intentando no mirarle a los ojos.
-Beca – dijo bastante cabreado. – Creí que estabais enfadados
-Ya ves que no
-Yo alucino
-Es solo mi amigo no va a pasar nada
-¿Está segura de eso? ¿No crees qué por ejemplo pueda, no sé… besarte?
-… - me quedé callada sin saber qué decir
-Si Beca, me he enterado de que te besó y ¿sabes lo peor? ¡Que no me lo contaste! – gritó – Preferiste no decírmelo y guardarlo en secreto, muy bien Beca te felicito.
-¡Sabía que te enfadarías y que le pegarías! – grité yo también. – Él no lo hubiera hecho
-¡Pues si tan perfecto es y tanto le quieres vete con él! – dijo mientras salía de la habitación.
Segundo después hoy cómo cerraba la puerta tras de si. Yo no reaccioné, me quedé en mi habitación, con la boca abierta de par en par, llorando con una toalla que cubría suavemente mi cuerpo.
Me vestí y bajé al salón con cara de zombie. ¿Y ahora qué hago? He perdido lo más importante de mi vida. Tal vez después venga a disculparse… si, vendrá me pedirá perdón y yo a él. Me agarré a esa esperanza cómo a un clavo ardiendo, era la única esperanza que me quedaba.
Pasaron unos cuantos minutos más, hasta que alguien llamó a la puerta. Fui corriendo a abrir.
-¡Jake! – dije sin ni siquiera ver quién me esperaba tras la puerta
-No, no soy Jake
-¿Qué haces aquí Alex? – pregunté desilusionada.
-Venía a verte, ¿Qué a pasado después de mi llamada? – dijo entrando en mi casa
-Prefiero no hablar de ello – contesté mientras unas pequeñas lágrimas se resbalaban por mis mejillas.
-¿Qué tal si nos vamos a nuestro lugar y hablamos de ello? – me preguntó quitándome las lágrimas de mi rostro
-Está bien…
Cogí las llaves y salimos de casa. Alex me cogió de la mano, no estaba de humor cómo para que me cogiera de la mano, pero tampoco tenía fuerzas para apartarla. Al ver que no me desprendía de su agarré Alex sonrió.
Caminamos en silencio, yo no tenía ganas de hablar y él supongo que no se atrevía…
Una media hora de después llegamos. Nuestra casa hacia bastantes días que no íbamos allí.
Subimos y Alex sacó unos pequeños bollos de chocolate que traía en su mochila.
Pasé una tarde agradable con él. Estuvimos hablando de cuando éramos pequeños, lo fácil que era nuestra vida en esos momentos. Tenía a mi mejor amigo, a mis padres… todo lo que necesitaba lo tenía. Pero mi vida cambió…
Creía que Alex se había olvidado de lo del tema de la llamada, pero me equivocaba.
-Bueno… ¿Me podrías contar ya qué ha pasado y por qué estabas llorando cuando llegué?
Suspiré con resignación y empecé a contarle todo. Desde que entre a la ducha, hasta la discusión. Lo conté con pelos y señales, hasta el más mínimo detalle, palabra por palabra. Se quedó alucinado
-Jake es un idiota… oye siento haberte llamado, pero es que quería quedar contigo, para lo de aclarar nuestra relación… o sea no relación si no si somos amigos o ya no o…
-Alex… relájate – le interrumpí – seguimos siendo amigos, por eso no te preocupes y en cuanto lo del beso, ya está olvidado.
-Gracia, gracias, gracias – dijo mientras de levantaba y me abrazaba
-Alex
-¿Si?
-Me estás asfixiando
-Lo siento – dijo separándose
-No pasa nada – reí – bueno ahora que lo hemos arreglado y ya que se nos han acabado los bollitos ¿me llevas a casa?
-Claro que si princesa
Empezamos a caminar otra vez. Esta vez si que hablábamos, es más no parábamos, sobre el instituto, los compañeros, los profesores, nuestra infancia… Me hizo olvidar por un momento mis problemas con Jake, pero no iba a durar eternamente.
Llegamos a mi casa y nos despedimos. Entré y allí estaba mi tío, acurrucado con Lara en el sofá.
A veces me pregunto, cómo una chica como Lara (guapísima, delgada, amable, cariñosa) se ha podido fijar en un hombre cómo mi tío (barrigudo, bajito, con cara de pocos amigos) pero luego me doy cuenta que las apariencias engañan y comprendo por qué está tan enamorada, por su sentido del humor, lo atento que es, siempre antepone los problemas de los demás por encima de los suyos, en resumen es un sol.
Los saludé y subí a mi habitación.
-Cariño ¿no quieres cenar? – me preguntó Santi desde abajo.
-No no tengo hambre – grité para que me oyeran – me voy a dormir
-Vale, cielo, que duermas bien – dijo esta vez Lara
Entré en mi habitación y me puse el pijama. Me tumbé en la cálida cama, tapándome con el edredón. No podía dormir, me venían a la cabeza las imágenes de hoy. Había sido un día de mierda.
Los ojos empezaron ha cerrarse solos, estaba apunto de quedarme dormida cuando alguien abrió la puerta.
-Beca, tenemos que hablar – susurró
-Jake – dije levantándome yéndome hacia él – perdóname, yo no quería, iba a decírtelo pero… - pero antes de poder seguir me interrumpió.
-Creo que deberíamos dejarlo…
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El cuaderno de Beca
Nadie sabe en realidad que es lo que tiene, hasta que enfrenta el miedo de perderlo para siempre.






